miércoles, 5 de diciembre de 2012

Una lanza por Camel

Y no, no hablo de los famosos cigarrillos. Más de uno se sorprenderá de esto pero hablo y rompo una lanza en nombre de mis amigos del grupo de policías nacionales Camel. O como ellos quieran escribirlo. Ha sido interesante ver la amabilidad que pueden mostrar hacia dos simples frikis un grupo de policías a los que ni si quiera conoces. Os cuento la historia.

Obviaré el hecho de ser un poco frikifútbol.


El pasado lunes, como algunos sabréis, el Ajax de Amsterdam venía a Madrid a jugar un partido de Champions League. Yo, por desgracias de la vida, tengo una amiga bastante forofa de este club (y de algún que otro danés) que comete locuras como irse a Barajas a recibirles. Sola. Hasta aquí todo normal, o al menos dentro de lo que cabe. La sorpresa me la llevé cuando esta friki me llama para decirme que se ha hecho amiga de un grupo de policías que estaban encargados de vigilar al equipo danés. No sólo amiga, sino que encima la prometen unas entradas de fútbol para el encuentro en el Santiago Bernabéu. Yo pensé que no podía ser para tanto pero sí, lo era. Hace apenas unas horas estábamos en las puertas del estadio buscando a dichos policías, pero no estaba siendo fácil. Empezamos preguntando a un hombre -de otro grupo que no era Camel- y fue asombroso lo amable que pudo llegar a ser. Con sólo las pistas de "buscamos a unos policías que eran de un grupo que empezaba con C, uno de ellos era como mayor..." el hombre fue capaz de decirnos dónde podríamos encontrarlo. No sólo eso, nos dio su nombre en clave para poder preguntar a otros compañeros. Todo con una buena cara y nada de malos gestos.

Tras hablar con el primer hombre, nos dirigimos a una de las torres del estadio en busca de nuestro hombre Camel (aka el nombre de su grupo empezado con C). Otro policía nos pidió disculpas al no poder ayudarnos, y nos indicó otro grupo de policías al que podríamos preguntar. Tras llegar a dicho grupo, uno de los agentes fue más allá y nos empezó a explicar los diferentes tipos de placas que llevan en sus chaquetas y sus respectivos colores para saber identificar a nuestro hombre y su grupo de la C. Finalmente dimos con dicho grupo, pero los agentes que necesitamos no estaban. Pero sí un chaval bastante majo y agradable que, ante la mirada de su jefe, se escondió tras su camión para poder llamar a nuestro hombre y para que pudiese salir a vernos. No sólo eso, también se quedó charlando con nosotras mientras esperábamos. 

Finalmente nuestro hombre llegó, pero con malas noticias. El jefe-jefe no había podido ir y, palabras textuales, "Estábamos todos hablando de esto, de que ibais a venir y nosotros sin poder daros nada, qué mal me siento, en serio. ¿Tenéis dinero? Es para que os paguéis una entrada entre las dos y yo os pago la otra. De verdad que me siento muy mal. Voy a ver si consigo hacer algo o ver a algún compañero que pueda colaros". ¡Pagarnos una entrada! ¡¡Un policía!! El hombre se fue en busca de una solución mientras nosotras esperábamos con el grupo Camel (o sinceramente, el grupo que fuese en ese momento) mientras seguíamos charlando con nuestro agente rebelde. Mientras esperábamos, otro agente, también del grupo C, vino a nosotras diciendo que era una pena no haber podido ver al jefe, pero que él iba ahora mismo a intentar hablar con un amigo suyo a ver si podían colarnos. 

Tristemente vimos el partido en un Rodilla, sin si quiera habernos podido despedir de nuestros queridos amigos. Pero sin embargo he llegado a casa con un no-mal cuerpo y, además, el agente que estaba dispuesto a pagarnos la entrada nos ha dicho que vayamos otro día. Es asombroso como un grupo de policías destinados a la vigilancia de un estadio de 80.000 personas puede llegar a ser tan agradable con dos simples fans. Como bien nos dijo nuestro amigo rebelde cuando le dijimos que por qué eran tan majos, "no cuesta nada ser amable" y la verdad es que ojalá siempre fuese así. No eran sólo el grupo Camel pues, como nos contó nuestro primer agente, eran más de cuarenta grupos diferentes. Pero mi experiencia en el frikifútbol me hace pensar que los policías destinados a los equipos de fútbol son diferentes. No es la primera vez que hago la misma locura que mi amiga y me planto en el aeropuerto a ver a un equipo de pateadores de pelotas. Y no es la primera vez que unos policías nacionales dan la vida por ayudarme. Y todo con una gran sonrisa. 

No soy una fan de los policías o guardias civiles (o demás variantes) y creo que en estas épocas de anti-disturbios boxeadores poca gente lo es...  Pero que nadie se meta con mis Camel, que araño y mucho.


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