La poca motivación que corre por mis venas es algo que debería formar parte de mi curriculum vitae, puesto que dice más de mí que cualquier estudio académico.
Estoy a tres días de tener mi primer examen de fin de tercero de carrera. Aunque literalmente es el segundo, pero da inicio a la horrible y odiada semana de exámenes. El siguiente es el viernes, y el siguiente el lunes. El próximo día 27 habré acabado tercero (o eso esperamos, rezaré al Dios del Cinco Pelao') pero sin embargo no los exámenes. El miércoles 29 me examino de inglés. Esa asignatura la cual llevo sin dar desde hace tres años y en la cual, según mi universidad, tengo un nivel sin futuro de B2. No debería estar asustada, pero visto mis dotes para el idioma lo raro sería aprobarlo.
En realidad preferiría no serlo. Libre, digo. Llevo dos años sin salir de Madrid, y es algo que me está estresando demasiado. Más que nada porque la maravillosa racha que llevo necesita cambiar de aires, y mi casa la tengo demasiado conocida. No cuento con vacaciones este verano, y no salir de aquí el verano pasado fue algo traumático que sin duda dio un vuelco bastante triste a mi vida. He llegado a un punto en el que hasta irme a Leganés supondría salir un poco adelante. Pero aún queda mucho para eso. Y sin embargo, no sé cuánto podré esperar para tener este cambio.
Este verano sin embargo puede ser un poco más ameno si consigo que en junio mi teléfono suene. Espero con ansia que acepten mi currículum para realizar prácticas en alguna empresa de Madrid. Ya no por el hecho de poder salir de casa en verano aunque sea unas horas al día, sino para poder quitarme dos asignaturas en cuarto. Sin embargo, y rindiendo honor a mi Señor Negativismo, doy por hecho que el contestador de mi teléfono estará tan vacío como siempre. O como yo.
Por otro lado, al verano también lo acompañaré de mi nuevo proyecto. El proyecto 50. He oído muchas veces que para tener un cambio de actitud en las malas rachas, viene bien darte un nuevo aire o un nuevo look. La primera parte empieza este lunes, pero la segunda quiero prolongarla hasta septiembre. Si consigo tener prácticas, los días los ocuparé trabajando y, el resto del día, nadando cual pez. Mi proyecto se basa en nadar una hora al día, a buen ritmo y de forma continuada, acompañándolo de media hora de gimnasio, para poder plantarme en septiembre con doce kilos menos. Lo único que me anima a creer que es posible, es que la dieta que seguiré no me costará llevarla a cabo, pues coma lo que coma me dará todo el mismo asco que me ha dado siempre. Pero más asco me doy yo, así que lo haré.
Sólo me queda un año de carrera y gracias a la crisis, en casa hemos decidido decir no al Master. Por tanto y visto de otra forma, sólo me queda un año de tener relaciones sociales. A mediados de 2014 empezaré la época que llevo temiendo toda mi vida. Esa en la cual no tengo que acudir a un sitio diario en donde automáticamente tendré que relacionarme. Empezará mi sedentarismo, mi fin a las pocas relaciones que mantengo y a saber qué más. Por tanto, mi P50 intentará ayudarme a lo que me llevan diciendo toda la vida: si no te quieres a ti misma, nadie te querrá. Y siendo una foca de los mares lo normal es que no me quiera ni mi madre, por tanto, es algo que llevo necesitando toda la vida. Mirarme al espejo y no querer romperlo. Tal vez así, viéndome bien, podré tomar la otra mitad de 2014 con más positivismo e incluso me atreveré a salir a la calle sola.
Mientras tanto, me toca estudiar para ser esa maravillosa periodista que no quiero ser. Me toca seguir dándome asco, entre otras cosas.
Believe in better days, he said.
Miau.
No hay comentarios:
Publicar un comentario